Como David a Goliat

Por: Olga Maria Despaigne Feraud.

El mayor temor de Samantha, desde que entramos juntas al preuniversitario, siempre ha sido enfrentarse a las pruebas de ingreso. Se lamenta una y otra vez de “su suerte”, nunca imaginó que todo aconteciera en medio de la difícil situación epidemiológica que atraviesa el mundo.

El último curso en su “adorada escuela”, se ha convertido en una “gran agonía”. Solo desea que las cosas mejoren, pero la nefasta situación persiste, no hay mucha brecha para la esperanza. Lo que veía a la distancia está a su lado, hablándole al oído. La mente y el tiempo le juegan en contra; Samantha quiere que todo lo que largamente ha esperado suceda, pero a la vez, que nada ocurra. Son sentimientos encontrados, ansiedad y añoranza que afloran como mezcladas en una potente “batidora”.

El miedo a fallar en lo que tanto ha anhelado duerme con ella y la incertidumbre la asecha. Así, siente que sus aspiraciones futuras penden de un hilo, aunque está consciente de que la palabra de orden es: estudiar. Solo ella sabe lo difícil que le resultan las matemáticas y todo lo que se esfuerza para comprenderlas. Desde que iniciamos el duodécimo grado, hace hoy un año, su tiempo se divide entre repasos y suspiros; según ella no le alcanza para más. Cuando escucha la típica frase “las pruebas de ingreso ya están aquí, deben estudiar más” por parte de sus profesores, el nudo en su garganta aumenta.

Se sienta sola en el rincón más apartado del aula con todo su armamento: libros, libretas y espejuelos. Cuando estudia sola se pone los audífonos con la música bastante alta, cree que así va a poder concentrarse y repasar en paz. Espera que nadie la moleste. Se adentra en el mundo de la notas. Resuelve uno, dos, tres problemas… está en una batalla campal con los contenidos!…venciéndolos a paso lento pero seguro.

Cuando siente que no puede más, que naufraga de tanto pensar, se toma un respiro; vuelve a la realidad, alza la vista y ve que no es la única en la contienda: son muchos los que, como ella, están en constante trabajo. Los compañeros de aula que pasan a su lado la tildan de loca y exagerada por sus excesivos temores; es que Samantha está consciente de la importancia del momento que vive. Parece una polilla entre tantos libros y papeles; solo se le reconoce por sus espejuelos. Así, entre apuntes y dudas, transcurre toda su mañana y gran parte de su día.

Samantha piensa en su futuro. Sabe que esta inexorablemente ligado al de su familia y al del país. Para ella y otros miles de jóvenes cubanos el futuro está aquí, al doblar de la esquina, y se decidirá en unas pocas cuartillas.

Vencer los exámenes de ingreso es un pensamiento que se repite como la melodía de una canción interminable. A Samantha solo le queda esperar y estudiar, como a todos sus compañeros. Estoy segura que va a salir bien, ella sabe que lo logrará, a pesar de todo; que va vencer a esos “temidos” exámenes. Y vencerá justo así, como David a Goliat

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