Fidel, el líder, el legado

Por: Dr.C. Pedro Manuel Tejera Escull

“(…) los hombres mueren, las ideas son inmortales, son perennes;

incluso se renuevan, se enriquecen, se desarrollan”.

Fidel Castro Ruz, 1985.

El 13 de agosto resulta memorable para los cubanos y muchos revolucionarios y personas progresistas en diversas partes del mundo porque se conmemora el 95 cumpleaños de Fidel Castro Ruz. Nacido en Birán, actual provincia de Holguín, en el seno de una familia acomodada, poseyó una inteligencia aguda, destacada por sus maestros, una gran sensibilidad por los seres humanos, probada en el tiempo y una voluntad de acero, capaz de las mayores proezas. Siempre le gustó el deporte y escalar montañas.

Tempranamente fue capaz de apropiarse y compartir las ideas de Martí, Bolívar, del pensamiento marxista, del pensamiento de vanguardia de Cuba y del mundo y sintetizarlas en contraste con una realidad que afectaba la dignidad de los cubanos humildes y honrados. Así, se involucró en acontecimientos dentro y fuera del país que canalizaron sus inquietudes revolucionarias y lideró un proceso que resultaba impensable para muchos en la Cuba de los años 50: rebelarse contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Luego de sobrevivir el asalto al Cuartel Moncada y proclamarse en su histórica autodefensa como continuador de la obra martiana, organizó y lideró una revolución que alcanzó el triunfo en enero de 1959 y se realizó con los humildes y para los humildes, quiénes comenzaron a beneficiarse de los resultados alcanzados y apoyaron masivamente la orientación hacia el socialismo, como único camino para consolidar la independencia del país. La revolución triunfante hubo de enfrentar tempranamente la animadversión del imperialismo estadounidense que adoptó todo tipo de medidas para derrotar a la Revolución y suprimir su influencia en el resto de América Latina.

En ese duro bregar revolucionario y antiimperialista se consolidaron sus ideas. Su figura creció nacional e internacionalmente. De hecho, en muchas partes del mundo mencionar a Fidel es la manera de identificar a Cuba. Sus barbas blanquearon, pero nunca se debilitaron su convicción comunista, ni su patriotismo, ni su internacionalismo.

Por mucho que sus detractores lo intentaron no pudieron empañar su prestigio ante su pueblo. Su gran fortaleza siempre radicó en su capacidad de comunicación con su pueblo. El pueblo cubano trabajador creía en él, confiaba en él y lo seguía en cada batalla.

Ya no está físicamente, pero nos queda su legado. Muchas cosas nos legó el Comandante en Jefe entre las que se destaca su obra escrita, sus discursos famosos por su extensión; pero donde lograba un intercambio excepcional con su auditorio. También podía ser muy sintético cuando las circunstancias lo exigían, como en su intervención histórica en la Cumbre de la Tierra o sus numerosas reflexiones que escribió al final de su vida. Hasta los últimos momentos se mantuvo aconsejando a su pueblo y pertrechándolo con las armas de las ideas justas en la lógica martiana, las cuales son imperecederas.

Su obra escrita es amplia. En ella se incluyen discursos, compilaciones de discursos, compilaciones temáticas, entrevistas, declaraciones y libros. Leyendo sus escritos las generaciones de cubanos que le siguen podrán apropiarse de un Fidel honesto, íntegro, consecuente con los principios revolucionarios, comprometido con la causa de la independencia y el antiimperialismo, siempre capaz de comprender a su pueblo en sus necesidades y hacerse comprender por este al mismo tiempo. El Fidel que encontraremos en sus escritos es un hombre sencillo, un político sagaz, un gran estratega, un líder con la capacidad de prever el futuro.

Los que le conocimos, compartimos la causa y le admirábamos, los que le repudiaban, los que no le conocieron en vida, tendremos la oportunidad de conocer su obra, los inolvidables intercambios con su pueblo, sus intervenciones en eventos nacionales e internacionales, todo lo que escribió para la posteridad.

En su última comparecencia en el Palacio de las Convenciones en la clausura del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba adelantó su despedida ya casi al cumplir los 90 años. En una breve intervención explicó con sentidas palabras ¿por qué se hizo comunista?, trasladó ideas tales, como la necesidad de preservar la paz ante el peligro de las armas que hoy se acumulan y multiplican, la necesidad de cuidar el ambiente para proteger la vida en el planeta y manifestó vehementemente que el pueblo cubano perfeccionará lo que haya que mejorar, vencerá en la lucha por un futuro mejor y, al final, quedarán las ideas de los comunistas cubanos. Evidentemente, estas ideas son claves para comprender su legado escrito.

Fidel ya no está, pasó a otra dimensión, se convirtió en símbolo. Resta a los cubanos revolucionarios apropiarse de su legado y multiplicarlo. A los estudiosos corresponde la tarea de sistematizar sus ideas y convertirlas en conocimientos para las futuras generaciones. El diario cumplimiento del deber y la defensa de la Revolución Socialista constituyen la mejor contribución que puede hacer el pueblo cubano para preservar su memoria.

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