A 60 años de verdadera cultura cubana

Crear una cultura autóctona y nueva, acorde con los principios del sistema socialista, se convirtió en tarea crucial del gobierno revolucionario cubano en la década de los años 60. Era un cambio necesario; así lo expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en su histórico discurso “Palabras a los Intelectuales”:


Una revolución económico-social tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país.


La intelectualidad cubana desempeñó un papel decisivo en esta, si se quiere “sustitución” cultural, pues el objetivo era la creación, por parte de los intelectuales y artistas, de una nueva cultura, que rompiera con todo lo que hasta ese momento se estaba haciendo en Cuba.


La mayoría de los artistas consagrados de esa época se quedaron en la Isla: Fernando Ortiz, Ramiro Guerra, José Lezama Lima, Virgilio Piñera…, mientras que otros decidieron emigrar: Jorge Mañach,  Gastón Baquero, Lydia Cabrera, Leví Marrero…


El “poder de la cultura” quedó entonces repartido entre intelectuales  y políticos como Carlos Rafael Rodríguez, Alejo Carpentier, Juan Marinello o Nicolás Guillén. Surgieron nuevos líderes culturales como Haydée Santamaría, Armando Hart o Carlos Franqui; así como una formidable generación  de escritores vanguardistas a la que pertenecían Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla, Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat, Edmundo Desnoes, Ambrosio Fornet y Roberto Fernández Retamar.


Bajo la premisa “dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”, la primera década del socialismo en Cuba fue intensa y creativa. Se mostró pluralismo en la literatura, la música, el cine y la plástica cubana. Se crearon instituciones tan renovadoras como el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), la Casa de las Américas; y publicaciones tan vivas y polémicas como Lunes de Revolución y El Caimán Barbudo.

Como en todo proceso de cambio, surgieron muchas interrogantes, incluso dentro del sector artístico. Una de las polémicas más sonada de la época se presentó con la realización de PM, una película realizada por Sabá Cabrera Infante. El filme expresaba tendencias ajenas y contrarias a la Revolución. Todo esto desató la interrogante, para de los intelectuales y artistas cubanos, de los paradigmas estéticos que debían seguir; y si se iba o no  a permitir una verdadera libertad de expresión.

A tono con la situación que se planteaba, Palabras a los intelectuales  fue la respuesta del Comandante Fidel Castro, para dejar bien claro la política cultural que iba a seguir la Revolución.

Este trascendental discurso se llevó a cabo en el salón de actos de la Biblioteca Nacional “José Martí”. El Gobierno Revolucionario estuvo representado por Fidel Castro; también por el presidente en aquel entonces: Dorticós; por Armando Hart, como Ministro de Educación en aquellos momentos; así mismo por otras personalidades como Carlos Rafael Rodríguez.

En esos días de reuniones se discutieron ideas, criterios, problemas que culminaron con el ya mencionado discurso; que fue la primera formulación de la política cultural en aquella época, así como una definición de la posición que iba a asumir el Gobierno Revolucionario en cuanto a las problemáticas existentes en la literatura y el arte.

El discurso expresado por Fidel planteaba una política cultural, y los márgenes de una política editorial para los artistas:

(…) La Revolución tiene todavía muchas batallas que librar, y nosotros creemos que nuestro primer pensamiento y nuestra primera preocupación debe ser qué hacemos para que la Revolución salga victoriosa (…)

(…) La Revolución defiende la libertad, que la Revolución ha traído al país una suma muy grande de libertades, que la Revolución no puede ser por esencia enemiga de las libertades; que si la preocupación de alguno es que la Revolución vaya a asfixiar su espíritu creador, que esa preocupación es innecesaria, que esa preocupación no tiene razón de ser (…)

(…) Porque el revolucionario pone algo por encima de todas las demás cuestiones, el revolucionario pone algo por encima aun de su propio espíritu creador, es decir:  pone la Revolución por encima de todo lo demás.  Y el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la Revolución (…)


En  Palabras a los intelectuales, se esboza que la Revolución quiere no sólo satisfacer las necesidades materiales sino también culturales; que hay que esforzarse en todas las manifestaciones para poder ser comprendidos por el pueblo; y plantea la necesidad de que los artistas pongan el máximo esfuerzo a favor de la población. Traza la posibilidad de cada individuo para poder escribir lo que quiera de la forma que lo prefiera. No hay imposiciones de estilos específicos, tendencias y contenidos, mientras su obra esté dentro de los cánones de la Revolución.

La década del sesenta constituía un avance hacia una renovación cultural, donde el objetivo era la vinculación de lo político con lo artístico. En esta etapa se crearon un gran número de instituciones. Se inauguraron nuevas escuelas, museos y otros centros destinados a la difusión de la cultura. En 1961 se sucede en el país la Campaña de Alfabetización; se dicta la Ley de Nacionalización de la Enseñanza; se da una apertura de las facultades obreras campesinas; y la imprenta empieza a publicar obras clásicas de la literatura universal. De crearon escuelas de ballet y diversos periódicos. Entre otros proyectos estaba la creación de la Academia de Artes, y se fundó el Consejo Nacional de Cultura, como un organismo autóctono.

En agosto de 1961 tiene lugar el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, que culminó con la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), cuyo presidente fue Nicolás Guillén. El objetivo era integrar escritores, artistas plásticos y músicos; donde las obras de todos los artistas estarían al servicio de esta nueva sociedad. Donde, también, se destacaría la amplitud estética como la más diversa forma de expresión a través del arte. La UNEAC impulsaría un importante premio literario, contrapartida nacional del que la Casa de las Américas consagraba a los autores del continente.

En 1962 surge la revista cultural de la UNEAC llamada La Gaceta, que sustituye a Lunes de Revolución. El ICAIC desarrollaba la cinematografía y con su trabajo editorial propiciaba debates sobre problemas culturales y estéticos.


En esta etapa el cine cubano sufrió el impacto revolucionario. Lo recibe y lo refleja a través de las luchas revolucionarias como “La primera carga al machete” de Manuel Octavio Gómez; “Historia de la Revolución Cubana” de Tomás Gutiérrez Alea; refleja el choque de la mujer en la revolución a través de “Lucía”, de Humberto Solás. Así también se destacó Sahara Gómez, que inaugura el discurso femenino con “Ellos tienen la palabra” en 1969. El cine cubano se apropia de la realidad cotidiana donde se van a tratar de reordenar códigos estéticos.

En todos estos momentos importantes los artistas estuvieron ahí presentes, creando y defendiendo la construcción del socialismo y las ideas de Fidel.
Lo que trajo consigo la aparición de una máxima filosófica: en todo proceso existe la unidad y la lucha de contrarios; aquellas luchas trajeron  resultados, desagradables algunos, luminosos otros, pero enriquecedores y,  sobre todo, demostrativos de estos cambios a partir de enero de 1959.  De todo, lo más importante, es que se logró una  cultura del diálogo; discusiones constructivas e instructivas, necesarias entre los poderes culturales y políticos de cualquier nación.

 Otro documento de la época que muestra el vínculo de la cultura y la política, y además que marcó pautas en la política cultural cubana constituye: El socialismo y el hombre en Cuba, del comandante Ernesto Che Guevara, disponible a partir del año 1965.  Un documento por el cual se formularon algunos de los principios básicos de la Revolución Socialista en Cuba en el plano estético; en el que el Che plantea que el hombre trata de encontrar la libertad a través del arte, pero esta libertad es falsa.

Aquí el Che es completamente consciente de que, la libertad que se quiere alcanzar rompiendo los viejos cánones, no es tal libertad, sino una fuga de la realidad que no puede ser la expresión de la conciencia socialista, y por eso muchos artistas revolucionarios caían en el pecado idealista de utilizar la misma vía de escape del arte burgués.

En este escrito el Ché explica que, a partir del 1ero de enero del 1959, se pretendieron utilizar los mismos elementos que se habían utilizado antes, para denunciar la enajenación, como expresión revolucionaria, cosa que no era posible; pero, por otra parte, señalaba el peligro de caer en una interpretación errada de lo que se ha llamado el “realismo socialista”. Se reafirma el derecho a la libertad de expresión que había planteado Fidel Castro en su discurso.


Las Palabras a los intelectuales, de Fidel, y El socialismo y el hombre en Cuba, del Che, son dos documentos esenciales que todo investigador debe leer para entender cuál es la política estética de la Revolución y cómo se pretendía crear una nueva cultura.

En 1967 se lleva a cabo el Seminario Preparatorio del Congreso Cultural de La Habana, donde se discutieron problemas estéticos, en forma general y específica, de las diferentes manifestaciones artísticas. El Congreso  Cultural se llevó a cabo en La Habana en 1968, asistieron figuras destacadas de toda Europa, de las que la intelectualidad cubana se nutrió, desde el punto de vista estético.

Las discusiones no solo fueron ricas en especialidades como la cinematografía, también se generaron debates en cuanto a la novela, el ballet, las artes plásticas, la música en fin, en torno al arte como máxima expresión. También surgieron conflictos generacionales y diversos puntos de vistas, marcados por el lugar de nacimiento y desarrollo del artista. Todos esos problemas también los asumió la Revolución, y con créditos, porque ella se convirtió en la tabla salvadora o el árbitro oportuno y preciso, con la guía en la mano para trazar el futuro por donde debía crecer la verdadera cultura cubana, esa propia del pueblo y para el pueblo.

Muchas polémicas se dieron a lo largo de toda la década, por lo que se puede decir que el período de 1960 del siglo XX, en Cuba ha sido calificado, al mismo tiempo, de glorioso y vil, de eclosión y florecimiento, y de agudísima lucha ideológica.

Sin discusión alguna, la década, fue tan efervescente que logró el nacimiento de la verdadera cultura cubana, cada día más grande y experimentada.

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