Constitución de Jimaguayú: persistencia del movimiento revolucionario

Conformada por 24 artículos, la de Jimaguayú, fue la tercera Constitución que se proclamó en los campos de Cuba libre. Las que le precedieron, se promulgaron durante la Guerra de los Diez Años. La primera en Guáimaro (1869) y la segunda, en Baraguá (1878). Se firmó el 16 de septiembre de 1895. Los asambleístas concedieron a esta constitución una vigencia de dos años. Vencido dicho plazo, se reuniría la Asamblea de Representantes para conocer la gestión del Consejo de Gobierno, convocaría a elecciones y revisaría, si fuese necesario, el propio texto constitucional.

El 16 de septiembre de 1895, en el mismo escenario camagüeyano donde cayó el Mayor General del Ejército Libertador Ignacio Agramonte en 1873, fue aprobada la Constitución que rigió los destinos de la República de Cuba en Armas, la Constitución de Jimóaguayú. El trascendental documento dió legalidad a la guerra que, apenas unos meses antes, había recomenzado en la isla.

El lugar escogido por el Generalísimo Máximo Gómez para el acontecimiento político resultaba todo un cumplido y respetuoso homenaje al abogado y jefe del Ejército Mambí, quién, además, había sido uno de los artífices de la Constitución que en 1869 se había firmado en Guáimaro aboliendo la esclavitud y proclamando la igualdad entre los hombres.

Desde el día 10 de ese mismo mes Gómez había comenzado a acercarse con su tropa al sitio donde se discutiría y redactaría la Carta Magna. El 13 se concentró en el sitio el Regimiento de Caballería Agramonte y varios jefes de la contienda; y el 14 se reunió la Constituyente. El Generalísimo acampó con sus hombres en los alrededores, en las fincas colindantes Guayabo y Antón.

En un rústico bohío sesionó el Parlamento; su presidente fue el Marqués de Santa Lucía, el rico hacendado camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt, hombre con sobrado prestigio que al estallar la Guerra de los Diez Años abandonó comodidades y título, les dio la libertad a sus esclavos, y puso sus bienes a disposición de Cuba y su independencia.

La Constitución de Jimaguayú estableció un gobierno centralizado que unió en un mismo órgano los poderes legislativo y ejecutivo; pero a partir del análisis de la experiencia de la precedida Constitución refrendada en Guáimaro, la nueva dejó relativamente libre al aparato militar con el fin de eliminar las fatales discrepancias que tanto daño habían ocasionado a la anterior contienda.

El Consejo de Gobierno encargado de decretar las disposiciones relacionadas con la vida civil y el devenir político de la República en Armas, solo mediaría en las operaciones de carácter militar cuando, por propósitos decididamente gubernativos, esta intervención resultara imprescindible, condición que determinó su relevancia.

Encabezado por Cisneros Betancourt, el Consejo quedó integrado por Bartolomé Masó como vicepresidente. Tomás Estrada Palma, quien a la muerte de José Martí asumió la dirección del Partido Revolucionario Cubano, fue nombrado ministro para asuntos de política exterior. Los puestos de General en Jefe del Ejército Libertador y de Lu­gar­teniente General recayeron en Gómez y Antonio Maceo, respectivamente.

Fue el propio Jefe de las fuerzas militares, el dominicano Máximo Gómez quien, en acto solemne, proclamó el Gobierno constituido en la manigua. A partir de esos mo­mentos el trabajo conjunto facilitó las acciones por la independencia, y jurídicamente también pudo accederse al reconocimiento del Go­bierno de Cuba Libre a escala internacional.

De este modo, las aspiraciones de José Martí, paradójicamente caído en Dos Ríos antes de ver concretada la institución revolucionaria que él quiso para darle a la causa de la independencia formas organizativas más democráticas, se convirtió, en definitivas, en un acto viable que definió, en buena medida, la madurez de la Guerra iniciada en el 95. Hoy se sabe que soñaba con una República donde la ley primera fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. Y con construir una sociedad “Con todos y para el bien de todos”.

Oficializada la República en Armas, los preparativos para extender la guerra a todo el territorio insular cubano se hicieron impostergables. Antonio Maceo y Máximo Gómez organizaron las tropas insurrectas y las condujeron hacia el occidente del país, en un hecho sin precedente. La campaña militar se convirtió en la acción más brillante de su tiempo.

El contingente invasor libró combates memorables. Las batallas de Mal Tiempo, Coliseo y Calimete dieron seguridad a los insurrectos y confianza en el triunfo. La invasión alcanzó el territorio occidental. Maceo llegó a Mantua y Gómez lo asistía y ponía en crisis con su arrasadora tea incendiaria, la economía colonial. La invasión cumplió exitosamente sus objetivos.

La Asamblea Constituyente tuvo a su cargo la responsabilidad de constituir un Gobierno Provisional para Cuba que asumiría la conducción y destino de la Guerra por la independencia del colonialismo español, la misma confió en la integridad de sus jefes militares y suscribió el precepto martiano de con todos y para el bien de todos.

La Constitución de Jimaguayú, marcó un verdadero hito en la historia del país, al tiempo que fue un ejemplo de la persistente voluntad civilista y legalista del movimiento revolucionario independentista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *