Para eternizar nuestro patrimonio

Una arquitectura colonial y neocolonial que tiene en Cuba algunos de sus mejores exponentes; valiosas colecciones de archivos históricos y artísticos; un Museo Hemingway que es continuamente visitado por prestigiosos investigadores de su obra; el Capitolio … no es difícil advertir que en la Isla el patrimonio cultural es vasto y admirado. Existen lugares de sobrada importancia histórica y cultural; objetos valiosos, documentos originales, piezas arqueológicas, bailes populares, tradiciones, todo “habla” de una Cuba que “mira” al mundo y cuyas raíces palpitan en cada esquina.

El patrimonio está históricamente asociado a la herencia; a lo que se recibe de los padres, y es de uno por derecho propio. El patrimonio cultural, por su parte, está constituido por todos aquellos elementos y manifestaciones tangibles o intangibles producidas por las sociedades, resultado de un proceso histórico, en donde la reproducción de las ideas y del material se constituyen en factores que identifican y diferencian a ese país o región. Es, también, lo que abarca el territorio del país y su historia, leyendas, tecnologías, conocimientos, arte y sistemas de producción y organización.

Si bien cuando triunfó la Revolución existía en Cuba una reducida cifra de 8 museos, hoy suman más de 300, esparcidos por todo el pais; estos atesoran importantes colecciones de la cultura y la historiografía cubanas.

Para algunos el patrimonio constituye el elemento material y simbólico de las tradiciones, que perpetúa y da continuidad a la esencia de la sociedad. Por tanto, la preservación y conservación del Patrimonio es una obligación del Estado, como garante de unos determinados modos de vida, tanto materiales como espirituales.

El estudio y preservación del Patrimonio cultural de la nación cubana forma parte esencial de la política de reafirmación de la identidad cultural y nacional. La responsabilidad del Estado en la protección de ese patrimonio está definida, jurídica e institucionalmente, por medio del Ministerio de Cultura (MINCULT) como entidad rectora.

El Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), las Oficinas del Historiador y el Conservador de la Ciudad, el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, los Centros Provinciales de Patrimonio, los Equipos Técnicos de Monumentos y otras instituciones culturales, reunen a especialistas de notable experiencia en este campo. Han orientado e intervenido la restauración de decenas de monumentos relevantes, en la Habana Vieja y en otras ciudades y sitios del país. Han trazado programas de rescate para centros, conjuntos históricos, paisajes culturales y sitios naturales; han restaurado importantes obras patrimoniales; han conducido investigaciones de diversa índole sobre estos objetivos, y han conformado un sistema primario de cursos y adiestramiento.

Si nos preguntáramos cuán difícil es rescatar y preservar el patrimonio tangible del país, en medio de las carencias económicas de Cuba, lo primero que hay que dejar claro es que somos un país azotado por ciclones y huracanes, y algunas de nuestras instituciones son de madera y tienen condiciones desfavorables. El hacinamiento también impide que se le dé a los documentos la conservación adecuada; proliferan hongos y otras condiciones adversas, consecuentes con clima.

Por su parte, el patrimonio inmaterial, reviste un rol importante a nivel internacional, y Cuba no está exenta de ello. Ejemplos fehacientes son las declaratorias hechas para el son, el repentismo y las lecturas de tabaquería.

La comisión encargada de estos nombramientos está conformada por miembros del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, Casas de Cultura, el Centro de Investigaciones de la Cultura Juan Marinello, la Fundación Fernando Ortiz, el Consejo Nacional de Artes Plásticas y el de Artes Escénicas. Todas cuentan con un inventario sobre el patrimonio inmaterial, o sea, fiestas, las comidas y bebidas, tradiciones, oralidad, costumbres, técnicas artesanales, usos sociales, rituales; y todo está debidamente registrado, según lo establecido por la UNESCO, ya que Cuba es signataria de la Convención de la UNESCO desde el 2004.

Existe la necesidad de buscar opciones, porque en este país el patrimonio “está” en todas partes. Todo es vulnerable; y hay bienes que están en distintos grados de deterioro, por lo que hay que trazar políticas, ayudas, donaciones, proyectos de colaboración, que partan de una investigación que sustente la necesidad de conservar el patrimonio.

En cualquier parte del mundo conservar los valores patrimoniales es caro. Por supuesto, ningún museo es rentable, ni el del Prado, ni el del Louvre… ni aunque se trate de países poderosos, porque la restauración de las colecciones cuesta mucho. Pero, ciertamente, sí existen maneras de palear esa sustentabilidad para sostener y eternizar nuestro patrimonio.

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