Rafael Trejo, temperamento y vocación por la justicia

Por: M.Sc Angel Taboada Salmerón

“Voy a matricularme en Derecho público y en Derecho Civil. Creo que he cogido la carrera más acorde con mi vocación y temperamento. Desde hace muchas noches sueño con el estrado; pero no creas que mi aspiración es hacerme rico a expensas del prójimo. Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí”, le confesó Rafael Trejo a Raúl Roa en 1927 cuando matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana.

A Rafael Trejo no le alcanzó la vida para coronar su sueño de licenciarse en Derecho, sin embargo puso al servicio de la Revolución toda su inteligencia, fuerzas y energías desde la trinchera universitaria  para ver a Cuba como la quiso José Martí. Si hacemos un recuento de su lucha contra la dictadura de Gerardo Machado tendremos entonces una idea más acabada de su indomable espíritu de coraje y sacrificio.

Recién ingresado en la Universidad de La Habana,  el 9 de noviembre de 1927 estuvo entre los organizadores de un grupo de estudiantes que tuvo la osadía de forzar con un madero las puertas del edificio de la Escuela de Química, para impedir que sesionara un consejo disciplinario contra 50 estudiantes acusados de tumbar los carteles de propaganda que había puesto el régimen en las obras de construcción de la escalinata. Como consecuencia, de esa acción trece estudiantes –incluyendo a Trejo—fueron expulsados provisionalmente por resolución rectoral y más de 600 quedaron pendientes a consejo disciplinario.

 La madurez política de Trejo queda nítidamente expresada en su vinculación a las acciones que protagonizan los estudiantes contra la tiranía machadista, por el  reconocimiento de la autonomía universitaria y materializar el plan de reformas y depuración del profesorado propuesto por Julio Antonio Mella.

En 1930 junto a otros estudiantes se atrevió a desaparecer la tarja de la escuela de Derecho que glorificaba a la dictadura. Admirado y respetado  por sus compañeros, salió electo vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho, lo que le dio la posibilidad de canalizar las aspiraciones y demandas de sus compañeros, a la vez que clandestinamente conspiraba contra el tirano.

Muy intensa fue la actividad de Trejo y sus compañeros de lucha en los meses anteriores a septiembre de 1930, las reuniones clandestinas, la redacción de manifiestos y proclamas y arengas donde los estudiantes exigían la rehabilitación de los expulsados por sus actividades revolucionarias, pero también la inmediata renuncia de Machado.

Para el 30 de septiembre fue convocada una manifestación en el parque Alfaro, que marcharía hasta el palacio Presidencial, fue enorme el despliegue policial acompañado por batallones del ejército con emplazamiento de ametralladoras en distintos sitios estratégicos de la capital que incluyó el reforzamiento de la guarnición del Castillo de la Fuerza, y los Escuadrones del Tercio Táctico que fueron acuartelados en el Campamento de Columbia, lo que no impidió la concentración de estudiantes y pueblo en el lugar convenido.

Los manifestantes bajaron la escalinata y las hordas machadistas cargaron violentamente contra ellos. En la esquina de San Lázaro e Infanta  en desigual cuerpo a cuerpo,  Pablo de La Torriente Brau que utilizaba contra los policías como única arma sus puños cayó herido de gravedad en la cabeza. Al mismo tiempo que en Jovellar e Infanta Rafael Trejo, corajudo como siempre, se enfrentaba a otro esbirro, fue entonces cuando lo impactó una descarga que lo derrumbó chorreando sangre sobre el pavimento, donde casquillos y manifiestos compartieron  espacio.

Pablo de La Torriente Brau con una herida de bala en el cráneo  pudo ver a Trejo dentro del  hospital antes de ser conducido este al salón de operaciones. El periodista revolucionario relataría después  su inolvidable encuentro con el líder estudiantil:

   “Yo no podré olvidar jamás la sonrisa con que me saludó Rafael Trejo cuando lo subieron a la Sala de Urgencia del Hospital Municipal y lo colocaron a mi lado. Yo estaba vomitando sangre y casi desvanecido de debilidad. Pero su sonrisa, con todo, me produjo una extraña sensación indefinible”.

Trejo no sobrevivió a la riesgosa operación a que fue sometido, su vida se apagó a las 9.50 pm de aquel 30 de septiembre de 1930, con apenas recién cumplidos los 20 años de edad. Su vida fue cegada por los  proyectiles del  régimen dictatorial y proimperialista victimario también de Julio Antonio Mella y de otros que no repararon en emprender el camino de la Revolución.

Su sepelio, a pesar de estar escoltado por fuertes contingentes de policías, devino  nuevamente en  acto de rebeldía con lo que se abrió en aquel heroico  septiembre de 1930, hace 91 años, el curso decisivo de la Revolución que culminó con el derrocamiento de la dictadura machadista el 12 de agosto de 1933. 

En proféticas palabras fue evocado por Fidel  en el Manifiesto ¡Revolución no, zarpazo!, a pocas horas del golpe del 10 de marzo de 1952 Cubanos: Hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos y Guiteras. Hay opresión en la patria, pero habrá algún día, otra vez, libertad.

1 comentario en “Rafael Trejo, temperamento y vocación por la justicia

  • Porque #TenemosMemoria hay que conmemorar siempre la audacia y el patriotismo de nuestros jóvenes mártires. Ellos abonaron con su sangre el difícil y necesario camino en la conquista de la libertad.

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