La unidad: principio rector de la revolución cubana

Por: Dr.C Adriana Mercedes Ortiz Blanco, Universidad de Oriente y Ms.C. Niurbis Vaillant Garbey, Universidad de Oriente

La historia de la humanidad, desde la antigüedad hasta nuestros días, demuestra que la unidad y la relación entre los hombres es condición indispensable para la existencia, desarrollo y supervivencia de estos. En la medida en que se fueron desarrollando los seres humanos, el contenido social de esta unidad humana, ha adquirido fundamentos plenamente económicos y políticos de cuya interacción, se elaboran los fundamentos ideológicos de la misma.

La unidad como fenómeno social es uno de los principios más universales de la vida humana, es principio de principios; en tanto es necesaria para toda actividad y también constituye factor decisivo para el logro de las transformaciones revolucionarias de la sociedad. La historia de la humanidad es testigo de las consecuencias que trae, en un momento dado, el logro o no de la unidad como principio.

Hoy, en el contexto mundial, la clase obrera se enfrenta por un lado al apocamiento de sus filas y por otro a la ampliación creciente de la heterogeneidad que la caracteriza, como resultado de las transformaciones experimentadas por el capitalismo. Atilio Borón señala que:

Hay menos proletarios “clásicos” que antes, tanto en el mundo desarrollado como en la periferia; pero en otro sentido podría decirse que jamás ha habido en la historia del capitalismo tantos proletarios como en la actualidad, pero de un nuevo tipo.

Estos cambios en la estructura de las clases populares explican la crisis por la que atraviesan los partidos y sindicatos que no logran adaptarse a la nueva realidad. En estas condiciones emergen nuevos sujetos, los movimientos sociales contentivos de nuevas contradicciones y reivindicaciones generadas de la renovada complejidad del capitalismo.

Los partidos y movimientos representan modos de articular los intereses del sujeto popular que, en esencia, no son contradictorios sino complementarios, si logran establecer una estrecha conexión y representar de manera más inmediata sus intereses. Sin embargo, sus proyecciones están alejadas de una estrategia unificada que garantice el logro de sus objetivos en su lucha contra el capitalismo.

El Partido debe cumplir la función integradora que unifique a los sujetos populares y represente de manera legítima y democráticamente la diversidad de intereses, valores y aspiraciones de estos.

En estas condiciones el problema de la unidad adquiere un significado especial y estratégico para alcanzar las metas de cualquier proyecto emancipatorio, ideas válidas para el caso cubano y la construcción del socialismo.

Unidad, unidos, unión, son palabras que simbolizan una voluntad política. Los lemas y consignas que evocan la unidad simbolizan esa voluntad. Sin embargo, la unidad es también una construcción, un proceso, y como todo fenómeno social es dialéctico, vale decir cambiante, en desarrollo, dependiente de una multiplicidad de factores condicionantes internos y externos, construcción en la que la ideología revolucionaria juega un papel fundamental.

La unidad que resulta de un proceso de construcción política, se refiere a grandes grupos sociales que coinciden en intereses, valores, conductas. Lo principal de esa unidad, es la hegemonía cultural e ideológica del poder revolucionario sobre la sociedad, como en el marco de esos intereses, valores y comportamientos,

acotó el destacado sociólogo, politólogo, historiador y filósofo cubano Juan Valdés Paz.

La unidad debe ser construida por todos desde la diversidad y no solo tomar en cuenta una determinada organización con estructura, funcionamiento y autonomía propia, sino a través de la imprescindible unidad de acción de todas las existentes. Ella exige subordinación de intereses individuales a los colectivos, de los intereses de grupos, y sectores a los más generales en toda la sociedad.

Esta supone responsabilidad concientizada de los sujetos, para lo cual es necesario el trabajo constante y sistemático, la preparación permanente a través de la organización y la cohesión que asegure la misma con voluntad y compromiso político, su logro depende del rol a desempeñar por el partido, vanguardia, de la clase obrera en la cohesión de sus miembros para trabajar a favor de la unidad de las masas.

En la lucha del pueblo cubano por lograr la independencia completa, el problema de la unidad de las fuerzas patrióticas ha desempeñado un papel protagónico y determinante desde Céspedes, Agramonte, Maceo, Martí, los patriotas antiimperialistas y demócratas nacionalistas de la república neocolonial, hasta los más recientes con Fidel a la cabeza.

Martí despliega toda una estrategia unificadora, aspira y logrará unir a todos los grupos sociales. Su concepto de la unidad está estructurado sobre una base científica, aunque no haya elaborado una teoría como tal. Sus enfoques expresan la profundidad de un razonamiento a partir del reconocimiento objetivo de la realidad y por tanto de ver la unidad como una necesidad objetiva, amén del papel de los factores subjetivos. Por eso, no la concibe como una simple maniobra táctica, sino como todo un proceso cuyas raíces, formas y manifestaciones están determinadas por causas que existen independientemente de la voluntad de los hombres.

A partir de 1902 surge la República Neocolonial. Durante estos años la unidad como factor decisivo, continuó desempeñando un papel importante. Un claro ejemplo de esto es cuando en los años 30 se lleva a cabo otra de nuestras revoluciones sociales, la Revolución del 30. Figuras como Rubén Martínez Villena y Antonio Guiteras se alzaron contra los males existentes en Cuba bajo el gobierno de Gerardo Machado.

No obstante, el problema de la unidad volvió a estar latente como resultado del desarrollo histórico en este proceso revolucionario en estado de ascenso pero aún sin la consistencia necesaria. Los factores subjetivos que sirven de protagonistas a la unidad, no habían adquirido todavía el nivel adecuado. Pero se verifica a lo largo de esta etapa revolucionaria, la existencia de los hombres más preclaros por lograrla.

Una nueva etapa de este proceso, luego del fracaso de la Revolución del 30, aparecería en la década del 50 en lo que sería el último tramo que recorrería el pueblo por conquistar los más elementales derechos, arrebatándole el poder a la burguesía pro imperialista. La figura política más importante, en esos momentos, sería Fidel Castro Ruz, cuyo pensamiento constituyó la más completa síntesis del pensamiento martiano y el marxismo leninismo. Abrió los brazos a cuanta fuerza sana estuviese dispuesta a incorporase y fraguar un movimiento político, ese arquetipo de vanguardia unitaria y heroica que fue la Generación del Centenario.

Como comandante del Ejército Rebelde y el Movimiento 26 de julio, logró unir a los veteranos y pinos nuevos de la Sierra y el llano, la Federación de Estudiantes Universitarios y el Directorio Revolucionario protagonista del 13 de marzo, se apoyó en el clandestinaje, uniendo las fuerzas políticas fundamentales de ese momento.

Después del triunfo de enero de 1959, no fue menos el esfuerzo unitario, pese a la insistencia de los gobiernos yanquis para movilizar el revanchismo de los derrotados, e incluso articular divisiones y conspiraciones dentro de las propias fuerzas revolucionarias, en estos momentos una vez más se impuso el prestigio y capacidad aglutinadora de Fidel.

Nacieron bajo su inspiración las organizaciones revolucionarias insurreccionales en sucesivas estructuras hasta la creación del Partido Comunista de Cuba en 1965. Procesos similares se alentaron en el movimiento obrero, juvenil, estudiantil, femenino, intelectuales y artistas, de los pequeños agricultores, y en la creación de los Comités de Defensa de la Revolución.

En la estrategia de Fidel Castro sobre la unidad se aglutinan las fuerzas revolucionarias, el movimiento obrero, sindical y la alianza obrero campesina con una expresión latinoamericana e internacionalista. En este sentido Fidel Castro afirmaba que:

Esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes. Y por esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida.

En una de sus reflexiones reconceptualiza el concepto unidad cuando escribe:


Unidad significa compartir el combate, los riesgos, los sacrificios, los objetivos, las ideas, conceptos y estrategias, a los que se llega mediante debates y análisis. Unidad significa la lucha común contra los anexionistas, vende patrias y corruptos, que no tienen que ver con el militante revolucionario. A esa unidad en torno a la idea de la independencia y contra el imperio que avanza sobre los pueblos de América, es a la que me refiero siempre.

La concepción de Fidel en torno a la unidad se sintetiza en el concepto de Revolución, asumido por los cubanos el 1ro de mayo de 2000, en el que se resume la actualidad de ese legado unitario, que orienta la labor del Partido dirigida a potenciar acciones que contribuyan al objetivo estratégico de preservar y fortalecer la unidad patriótica y moral del pueblo en torno a la Revolución y al Partido. Al referirse a la necesidad de mantener la unidad en las condiciones actuales de Cuba, el general de ejército Raúl Castro refirió:

La unidad entre los revolucionarios y entre la dirección de la revolución y la mayoría del pueblo es nuestra arma más importante, arma estratégica, la que nos ha permitido llegar hasta aquí y continuar en el futuro perfeccionando el socialismo.

El proceso de perfeccionamiento del socialismo en Cuba parte de la conceptualización de su Modelo Económico y Social de desarrollo socialista, que reconoce la construcción del socialismo como un proceso prolongado heterogéneo complejo y contradictorio, de profundas transformaciones en la estructura económica, política, social y cultural.

Las nuevas generaciones “las que se parecen a su época“, constituyen un grupo social de significativa importancia en el análisis de la unidad en Cuba. Su impronta definida en términos de valores, hábitos y expectativas se desarrolla en medio de una realidad la cual se despliega en un contexto cambiante donde los referentes se transforman rápidamente por la acción simultánea de factores económicos, sociales y tecnológicos. Estas circunstancias distinguen a las nuevas generaciones, su reconocimiento y comprensión constituyen elementos significativos en el análisis de la unidad en el contexto actual.

La creciente diversidad de la sociedad cubana plantea la necesidad de una nueva fundamentación de la unidad en torno a la revolución, la que debe alcanzarse por medio de un orden económico, jurídico, institucional, que construya permanentemente el consenso mayoritario de la población. Para José Luis Santana, la unidad nacional:

… constituye una condición clave de supervivencia del proyecto de la construcción del socialismo en Cuba; para mantenerla se ha de tener en cuenta el sistema político, y dentro de este el papel del Partido Comunista de Cuba como fuerza rectora del proyecto social, el diseño de políticas sociales guiadas por valores de igualdad justicia y equidad.

Garantizar la unidad del movimiento obrero y sindical cubano, en torno al Partido Comunista y al ideal de los líderes de la Revolución, es prioridad del trabajo político e ideológico de las organizaciones políticas y de masas. El consenso es la base de nuestra unidad para lograr la construcción del proyecto social soberano, independiente, democrático, socialista, próspero y sostenible.

La Revolución Cubana ha devenido en ejemplo para América Latina y el mundo del verdadero significado de la unidad como principio de lucha. En Cuba la unidad ha presidido todas las transformaciones revolucionarias en el plano nacional desde el 1ro de enero de 1959 hasta la actualidad.

El garante del apoyo del pueblo revolucionario a la unidad es el acertado trabajo político e ideológico que se realiza, de manera contante y sistemática, por las diferentes organizaciones políticas y de masas, en correspondencia con las transformaciones coyunturales que vive la sociedad.

En la Revolución Cubana unidad significa, ante todo, enaltecer el valor del trabajo, igualdad, justicia social, libertad plena, educación en valores, convicciones, participación popular y combate permanente por mantener las conquistas sociales alcanzadas.

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