Claro que necesitamos de Martí en estos tiempos

Por: Ms.C. Rubén Ramos Mosquera, profesor asistente Teoría Política; Universidad de Oriente

Tanto en la revelación del ser existencial, como en su determinación especial en las condiciones de su patria, ante todo por el sentido de emancipación humana y redención social, mediado por un sustrato socio-cultural humanista, el pensamiento martiano se imbrica con el pensamiento marxista, y pasan a conformar la ideología de la Revolución Cubana.

La postura filosófica de José Martí, marcada por su visión del mundo y del hombre, por la experiencia y sabiduría política: traza caminos, crea confianza, cultiva razón y sentimientos, y prepara conciencia para realizar el ideal de nación; además de fundar una cultura con alma política y un carácter nacional donde prima el patriotismo, amor desinteresado hacia la liberación nacional y la creatividad.


La capacidad de creatividad e innovación de la Revolución Cubana es un tema de la vida cotidiana, donde el pueblo en acción conjunta hace su historia.
Es interesante notar que la capacidad cultural de resistencia la ha elaborado el pueblo cubano desde el proceso de origen de la nación y la nacionalidad; está estrechamente entrelazada a la noción de sacrificio, de cumplimiento del deber cívico, de posposición de las necesidades individuales y colectivas particulares en pro de los intereses de toda la comunidad, de otros individuos y de la humanidad en general. Para los cubanos “Patria es Humanidad”.


Por eso la capacidad de resistencia tributa orgánicamente al ecumenismo cosmovisivo de la Ideología de la Revolución Cubana. Se inscribe en el paradigma ético-político básico del heroísmo trascendental, propio de la moralidad pública y privada de la cubanía.
Esta noción de eticidad ha sido configurada durante muchos años de lucha, como elemento clave de la cultura espiritual singular de la comunidad cubana actual que incluye indisolublemente la noción de solidaridad revolucionaria, del bien moral.


Después de más de sesenta años de practicarla como paradigma, la experiencia consuetudinaria muestra que esa ética no pierde su sentido, necesidad y fundamento sociales, mientras exista el requerimiento de defender y proteger la vida y los bienes de la comunidad real que constituye el pueblo cubano.


La obra de la Revolución Cubana ha conducido a la individualización de las personas, a su enriquecimiento personal, físico y espiritual y por consiguiente al incremento de sus expectativas y capacidades, al aumento de sus diferencias y diversidad, a la marcada heterogenización de sus sistemas de referencia axiológicas. Esto implica nuevas exigencias: sociales e individuales, materiales y espirituales; lo que ha conducido a un profundo y amplio proceso diversificador desde los cambios y reajustes en formas de propiedad, de gestión, de apropiación, de percepciones y comportamientos, que caracterizan un contexto actual pleno de contradicciones, de escenario de la visible disputa de hegemonías culturales, entre la dominación y la emancipación, carente de recursos imprescindibles para satisfacer todas las necesidades y exigencias básicas; marco propicio para las pretensiones imperiales de subvertir el orden constitucional, derrocar el proyecto social e imponer su modelo neoliberal.


Sin embargo la sociedad cubana es portadora de claros mensajes de resistencia hacia el mundo y de valores cultivados por la cultura revolucionaria como modestia, el desinterés, el altruismo, la solidaridad y el heroísmo, los cuales desempeñan un papel trascendental en la estructuración de la tipología de la personalidad del cubano verdadero; son conquistas espirituales reales del pueblo cubano frente a la alienación e instrumentalización de las relaciones humanas en el reino del mercado capitalista.


Ese lado constructivo de la resistencia que alienta José Martí desde su pensamiento, “Resistir vale tanto como acometer”, es necesario tenerlo siempre en cuenta, porque implica la construcción de un mundo cultural diferente, alternativo y superior al de la modernidad capitalista. Desde esta perspectiva se percibe que se trata del germen de lo nuevo, de lo socialmente innovativo, creador, que nace en los límites de la precariedad a que ha conducido el imperialismo al pueblo cubano con su agresividad incontrolable por más de sesenta años. Es la bondad que crea resistiendo, frente a la maldad que destruye agrediendo.


Sin la dimensión ética no hay movimiento revolucionario posible. Lo que está en juego realmente es la condición humana, y esto no puede ignorarse por ninguna teoría verdaderamente revolucionaria.


Las ideas de Martí resultan imprescindibles en estos tiempos, porque él fue capaz de interpretar el suyo con rigor científico insuperable. Al desentrañar su tiempo desde la raíz, legó las claves para entender cualquier otro, y ser consecuente con lo que corresponde en cada momento histórico. Ante la amenaza de destruir el modelo de sociedad escogido por la amplia mayoría del pueblo cubano y de quebrantar su capacidad de resistencia, Martí y Fidel orientan con su pensamiento: resistir, resistir, resistir; crear, crear y crear; ser enérgicos.


Mostrarse acomodaticio hasta la debilidad no sería el mejor modo de salvarse de los peligros (…) La cordura no está en confirmar la fama de débil sino en aprovechar la ocasión de mostrarse enérgico sin peligro. Y en esto de peligro, lo menos peligroso (…) es ser enérgico.

En este crítico momento, ser ingenuo conduciría a cometer errores muy difíciles de enmendar, aferrarse a los principios, defenderlos sería más razonable; violentar la lógica del desarrollo de esta nación que ha costado la vida de sus mejores hijos, y por la cual se ha derramado mucha sangre, (consciente o confundido) conduciría al error de no poder regresar.

Frei Betto alerta al pueblo cubano cuando señala:

Lo que tiene de original la lógica de desarrollo en esta nación es, justamente, su capital simbólico, que tiene como base valores espirituales como el sentimiento de libertad e independencia, de cooperación y solidaridad que marca la historia de este país desde los esclavos hasta la implantación del Socialismo.
El peligro existiría si Cuba abandona lo más precioso que posee: Su capital simbólico (…) encarnado en figuras como Félix Varela, José Martí, el Che, Raúl y Fidel.

(…) Ese capital simbólico es consecuencia de siglos de resistencia del pueblo cubano, (…) Es el resultado del profundo sentimiento de independencia y soberanía que caracteriza a la cubanía y marca la gloriosa historia de este país.

Aunque lo utilicen a su favor los enemigos y detractores del proyecto social cubano, las advertencias de Martí siguen estando al servicio de la integridad e independencia de esta nación, en particular, y de la región latinoamericana en general, ante las amenazas imperiales. Su pensamiento, junto al del Comandante en Jefe Fidel Castro, su discípulo más fiel y creador, constituye una fuente de sabiduría donde todo cubano verdadero debe recurrir para enfrentar con éxito el derrotero y los desafíos que se avecinan.

Sobre Martí, orienta Gabriela Mistral:


Hagámosle criatura cotidiana mejor que nombre de aniversario; vivámosle en la permanencia y no solo en las letras puntuadas de los centenarios.
Vivámosle en la continuidad como se vive una ley; pongámonos a tenerlo por paisaje nuestro hasta que nos corra por la sangre, hecho masa de nuestro cuerpo.

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