A cinco años de su paso a la eternidad

La grandeza de un hombre no se mide por la cantidad de años vividos, sino por la intensidad de estos y las huellas que deja para sus semejantes.


Ese es el caso de Fidel Castro, nuestro eterno Comandante en Jefe, que pasó hace cinco años a la eternidad, pero antes de partir, nos regaló esta Patria libre.


Inolvidables aquellos días de incertidumbre, de personas llorando en las calles, de jornadas marcadas por la tristeza y el sinsabor. No es posible borrar de la mente las palabras de Raúl Castro en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo cuando, a propósito de aquella triste pérdida, expresó: “sí se pudo, sí se puede, sí se podrá“, aupando a todo un pueblo triste, pero de firmes convicciones revolucionarias.


Hace cinco años hubo quienes creyeron que esta “nave” iba a naufragar, pero Cuba sigue con la mirada puesta en el presente y el futuro. En momentos tan difíciles como estos, los discursos de Fidel, custodiados en la memoria, nos sirven como amparo, sostén y guía para sortear dificultades.


Su ejemplo no perece, permea nuestras mentes con la voluntad inquebrantable de lucha. Sus brazos siempre “emanaron” la fuerza de un país, con tal de derrumbar lo imposible. Su pensamiento nos llevó a entender cuán fuerte somos, pese a las diversas campañas de desprestigio a la Revolución.


Hace cinco años, un hombre extraordinario pasó a la eternidad, nos toca continuar su legado. Un hombre capaz de enfrentar al imperialismo más grande de la historia, invita, aún hoy, a los cubanos a seguir siendo libres, a que nadie les pisotee la esencia.


Hace cinco años un hombre de talla universal fue hacia la eternidad; se impone velar para que tantas décadas de lucha permanezcan “elevadas” e intactas en los hombros de las nuevas generaciones.


Porque Fidel, para muchos cubanos dentro y fuera de este país, no ha muerto; alza su voz a favor de los oprimidos; empuña el fusil contra quien desee atacarnos y escribe páginas gloriosas de la Patria, aunque hace cinco años que, apenas físicamente, no nos acompaña.

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