Lo que Martí nunca perdonó

Por: MSc. Ángel Taboada Salmerón

El 28 de enero de 1853, hace 169 años  nació José Martí, quien fuera y es, porque de él no se puede hablar nunca en pasado, un hombre  de elevados principios, vocación latinoamericana y antimperialista. El Apóstol,  a pesar de haber vivido tan solo 42 años, alcanzó  proyección  universal.

Las cualidades humanas de José Martí, su conducta personal, tanto en el ámbito público como privado, devienen casi insuperables; Gabriela Mistral le llamo “el hombre más puro de la raza.”

El 4 de octubre de 1869 fue importante en la vida de José Martí. En esa fecha escribió una carta dirigida a alguien que tenía su misma edad, que compartía su mismo pupitre  y que simbolizaba lo único que para él era imperdonable: la traición.

En  la orientación ética de Martí destaca, desde muy temprano,  su verticalidad de principios frente a la traición. Esa falta que quebranta la lealtad o fidelidad hacia alguien o algo, que transgrede el honor de los hombres y los hace miserables.

Compañero: “¿Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo se castigaba en la antigüedad la apostasía?” Así se dirigió José Martí, con solo 16 años, en memorable epístola, a su excompañero de estudios Carlos de Castro y de Castro, quien había tomado el repulsivo camino de la traición. Este se había aliado, voluntariamente, al ocupante español. Estas palabras le costaron a Martí seis años de presidio, y a su antiguo condiscípulo algo peor, un desprecio eterno.

Cursaba Martí estudios de bachillerato en el Colegio de San Pablo, centro de estudios fundado por Rafael María de Mendive, quien, además de su maestro, devino en su padre espiritual y contribuyó, decisivamente, a su formación patriótica.

En las clases de historia del colegio, mucho se había tratado la historia de Grecia, y de cómo se castigaba la traición milenios atrás. Se castigaba con la muerte, y únicamente con la muerte.

Resulta interesante conocer que, Mendive, impartía la asignatura consagrada a la memoria de los pueblos; y que este eminente pedagogo, era además un delicado poeta y patriota irreductible. Aquel forjador de hombres, tan respetado y venerado por Martí, le enseñó a sus alumnos a no mentir jamás ni violar principios éticos”; afrontar la responsabilidad por sus actos. Al concluir su carta expresó: “Esperamos que un discípulo del Dr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta”.

Las líneas de la misiva fueron fueron suscritas por él y por quien llamaba “mi hermano del alma”: Fermín Valdés Domínguez. Este último dejó para la historia lo sucedido en un esbozo biográfico a su amigo José Martí.

Tras largos meses de causa pendiente se nos juzgó en Consejo de Guerra. Martí y yo, que teníamos la letra muy parecida, sostuvimos ante el tribunal que sólo uno había escrito la carta y firmado por los dos. Pero al carearnos, Martí no me dejó hablar y con energía- lo hizo él para demostrar que era suya toda la culpa-, y  formulando duros ataques contra España y proclamando en párrafos correctos y elocuentes, nuestro derecho a la independencia. Asombró por su audacia y dominó con el hechizo de su palabra a aquel tribunal de militares sanguinarios.

Fue aquel su primer discurso y la prueba más hermosa del afecto que yo le debía, hacía ya mucho tiempo. Actos como este, solo son propios de almas ejemplares como la suya. Diez y seis años tenía entonces Martí, el fiscal pedía para él la última pena, y para mí, diez años de presidio. El fallo fue: seis años de presidio para él, y uno para mí. Fue a presidio, y de allí a Islas de Pinos y a España después, en calidad de deportado. Yo también,  por conmutación de pena, pasé a un calabozo de la Fortaleza de la Cabaña en donde estuve un año.

El testimonio de Fermín Valdés Domínguez fue conmovedor y nos permite corroborar cuánta razón le asistió a Raúl Roa cuando expresó:

Escribir o hablar sobre Martí lo puede cualquiera. Lo que si ya no puede cualquiera, es vivir como propia la vida de sacrificios, abnegación y de coraje que vivió José Martí.

1 comentario en “Lo que Martí nunca perdonó

  • Marti es la expresión mas sublime del cubano de verdad, es ejemplo cubano de perfección humana para el mundo que no existe, es la bibla imperfecta de la praxis de la actividad de los cubanos, es el sol que ilumina la practica ético-moral del cubano y la luna que aclara las oscuridad del cubano desdicha, cuando se habla de Marti se del patrimonio humano y vivo nacional mas sublime de la historia de Cuba. Honrar su memoria y legado es ser humano lo demás es lo contrario

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