José Ramón Carlos Fernández Álvarez

Conocido como El Gallego Fernández, fue un destacado revolucionario cubano. Héroe de la República de Cuba, General de División de la Reserva y Asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Atesoró una destacada trayectoria al servicio de la Revolución. Ocupó diferentes responsabilidades en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Estado y el Gobierno, así como en el Comité Olímpico Cubano. Era miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Siendo estudiante de bachillerato hizo su ingreso en el Ejército Constitucional el 30 de agosto de 1940, en el Regimiento No. 1 «Maceo» de Santiago de Cuba, con el objetivo de asistir a la Escuela de Cadetes para cursar estudios y graduarse como oficial. Lo animaron varios propósitos en aquella época. Uno de ellos era que le gustaba la profesión le atraía la disciplina militar y el orden y otro era de carácter político para llegar a tener la posibilidad de influenciar y enfrentar las múltiples injusticias que conocía, veía la miseria, la discriminación, la explotación, corrupción y la injusticia toda y el no cumplimiento de las promesas que hacían los políticos fueron elementos, que desde muy joven, le despertaron inquietudes.
No despreció cuanta oportunidad se le presentó para asistir a cursos militares, se graduó con el Primer Expediente en la Escuela de Cadetes en agosto de 1947 y fue nombrado Segundo Teniente del Ejército Constitucional.
Siempre fue inconforme con la situación que existía, con la política que se seguía en el Ejército y que seguía el país, ello condujo a que muchas veces se tomaran represalias de modo más o menos señaladas con él; como ejemplo de lo anterior, siendo alumno de la Escuela de Artillería fue sustituido para formar parte de una Unidad de Combate que Cuba preparó, cumpliendo compromisos internacionales, para enviar a la guerra que el imperialismo norteamericano llevaba a cabo en Corea, a la cual no llegó ir por una fuerte campaña de rechazo popular.
Cada vez que hubo una oportunidad se le envió a los más lejanos lugares o trabajos más complejos, aduciendo a su excelente expediente en la Escuela de Cadetes.
Practicó equitación, tiro, baloncesto, béisbol y softbol.
En el año 1951 se preparó y clasificó en Pentatlón Moderno para ir a los Juegos Olímpicos de Helsinki. Esto se vio frustrado al producirse el golpe de Estado del tirano Batista el 10 de marzo de 1952.
Al producirse el golpe de estado, antes mencionado, estuvo detenido en el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) hasta horas de la noche, igual que otros muchos oficiales. Destinado al otro día a la 11na. Estación de la policía y el 1ro. de abril de 1952 trasladado a Holguín, a donde ya había sido enviado con anterioridad.
Cursó estudios y se graduó en la Escuela de Artillería de Cuba, en la Escuela de Artillería del Ejército de los Estados Unidos en Fort Sill, Oklahoma. También en Cuba en el Curso Avanzado Asociado de Estados Mayores y después del Triunfo de la Revolución en el Primer Curso de la Escuela Básica Superior que devino en la actual Academia de las FAR.
Fue Profesor y Director de Escuelas de Reclutas y Clases; Profesor de la Escuela de Artillería, del Curso Avanzado Asociado de Estados Mayores y Profesor y Jefe del Departamento Escolar y luego Director de la Escuela de Cadetes de Managua.
Se encontraba en la etapa final del curso que recibía en la Escuela de Artillería cuando se produjo el ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Las noticias eran las que daban la radio y la prensa obedeciendo a la tiranía, era apabullante la información negativa sobre participantes extranjeros, asesinatos y otras acciones que se imputaban a los combatientes revolucionarios, y que hacían llegar al pueblo de Cuba y sobre todo, al ejército en el que se dieron a conocer numerosas circulares, informaciones, fotos, avisos puestos en tablilla de ordenes, donde se describían como criminal, falta de toda sensibilidad y extranjerizante la acción de los revolucionarios.
La verdad de aquel heroico hecho se fue conociendo casi de inmediato, así como la personalidad de los atacantes, las motivaciones que los impulsaban y los objetivos que perseguían; las declaraciones, información de persona a persona, el juicio contra los asaltantes y después contra Fidel, le permitieron conocer con algún grado de exactitud lo que pasó y razonar en calma, aunque dentro del ejército estaba muy polarizada la opinión contra la acción.

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